En un concierto de La Fuga

2 horas de directo, 24 horas de trabajo

 
Salamanca.- El reloj no alcanza el medio día en Salamanca, el sol hace acto de presencia. No el suficiente para subir el mercurio a una temperatura agradable, pero la sensación es apacible. La ciudad vive rutinariamente, con la misma tranquilidad, una mañana sosegada más de viernes. Sin embargo, en el Multiusos Sánchez Paraíso la actividad es visible. Cuarenta operarios preparan y montan el escenario para la celebración del concierto de la Fuga en la ciudad Patrimonio de la Humanidad.
 
Ver vídeo del montaje del escenario y la prueba de sonido
 
Salamanca La FugaDesde primera hora, los equipos, los trust -andamios de aluminio-, las peas, los focos, mesas, decorados, etc, se amontonan sobre el piso del pabellón. Los operarios ataviados con guantes, cascos y botas de seguridad se despliegan sobre el escenario -montaje de cuatro horas el día de antes-. Por el momento, el ruido del metal y las voces son la única banda sonora. Treinta operarios pertenecen a la empresa Rencore Producciones, otros diez forman parte del equipo técnico de la Fuga. Se diferencian por el color del casco y la indumentaria, pero trabajan al unísono.
 
La faena aquí es algo más dura que de costumbre, puesto que el tráiler no puede llegar hasta el escenario por su elevada altura, y los bártulos se deben acercar manualmente a lo largo de un pasillo de unos 20 metros. La Fuga es un grupo que centra su directo en la música y apenas dispone de decorados u otros medios audiovisuales que doten de una gran espectacularidad al evento, en comparación con otros grupos.
 
Durante más de cuatro horas, los técnicos de montaje, luces y sonido se afanan en montar los preparativos para la celebración del concierto. Cuatro torres metálicas ascienden de las esquinas del escenario. Sujetan las peas -altavoces- colocadas estratégicamente para una perfecta sonorización del pabellón. La cruz de luces se alza cerca de 6 metros sobre el suelo. Uno de los técnicos asciende sobre los andamios para colocar los telares del decorado. Otro, también en las alturas, se encarga de la iluminación. La estampa recuerda al vídeoclip de su último trabajo, "No solo respirar", ambientado en un pueblo navarro en ruinas.
 
Todo concierto se divide en tres zonas: peas -sonido de fuera-, monitores -sonido del grupo-, iluminación y una cuarta si hubiera videoproyección. El cuidado del sonido y la iluminación es muy minucioso en este tipo de eventos. Para ello, La Fuga monta dos mesas de sonido y una de luces. Frente al escenario, se sitúa la mesa de control cuyo peso recaerá en Manolo y "El Chinas" que centrarán su atención en la preparación del sonido de cara al público. En esta ocasión, la ausencia de "El Chinas" hará que sea solamente Manolo el responsable de sonido, que contará con el apoyo de un tercer técnico, Alex. Por otro lado, y sobre el escenario, situada a la izquierda de la plataforma, se encuentra una segunda mesa de sonido con dedicación exclusiva a los músicos de la que se encarga un cuarto técnico, Juan.
 

En cuanto a la mesa de iluminación, Jesús -técnico y responsable del montaje de iluminación- nos informa, "hasta que probamos las luces la mesa está en el escenario, posteriormente la trasladamos junto a la mesa de control durante el desarrollo del concierto y desde allí manejo las luces al ritmo de la música".
 
 Son cerca de las dos de la tarde y los técnicos se van a comer. La furgoneta con los instrumentos, el merchandising y el resto de decorado llegará sobre las 17:00 horas, para terminar de engalanar el escenario. A esa hora el trabajo es más frenético. El tiempo aprieta. Nuevos operarios aparecen en escena, ataviados con camiseta del conjunto para diferenciarse de los trabajadores de la productora y completan el staff de La Fuga. Ahora toman el mando.
 
Durante dos horas el montaje del instrumental centra todos los esfuerzos. La batería, situada en un nivel superior, es la primera en hacer aparición. La luna fugada decora el bombo, un operario pone a punto cada elemento y un enladrillado de poliespan recubre la tarima.
 
Salamanca La Fuga
El número de guitarras usadas durante el concierto es sorprendente, hasta un total de 18 junto con 2 bajos acompañan al conjunto en cada concierto de la gira. Durante estos cuatro últimos años es Romero quien se encarga de afinar y preparar cada uno de los cuerpos de mujer. Las guitarras se liberan de su estuche cuando hacen acto de presencia para que su madera pueda adaptarse a la climatología del recinto. Junto con Romero hay una persona más que durante el concierto le ayudará en su labor. Ambos estarán posicionados a cada lado del escenario. Romero comenta que "cada dos bolos se cambian las cuerdas y cada guitarra tiene asignada su canción, afinándola con un tema de anticipación"

 
 
Es el momento de mayor actividad, los sonidos de guitarras, bajo y batería se entremezclan sin ritmo ninguno, como niños de primaria en su primera clase de música. Tras poner a punto cada instrumento, las melodías y ritmos comienzan a tomar forma. Las canciones decoran un enorme pabellón vacío.
 
Salamanca La FugaRulo, cantante de La Fuga, es el primero del conjunto en hacer aparición. Se muestra cercano y saluda uno por uno a todos los componentes del Staff Técnico, en su gran mayoría, de Reinosa. El conjunto cántabro se rodea de amigos para celebrar sus giras, "hay que trabajar en familia", señala el cantante.
 
Frente al escenario, el tenderete de merchandising empieza a coger forma. El número de puestos es variable, dependiendo de la ciudad. "La colocación de las prendas es esencial, así el trabajo es más rápido y fluido", apunta Richard, el responsable. "La Fuga es un grupo de merchandising" añade. El grupo de rock posee una variedad enorme de complementos: desde tangas hasta sudaderas, pasando por mecheros, chapas, gorros, camisetas y toda la indumentaria necesaria para " vivir más de noche que de día".
 
Salamanca La Fuga
Con ropa de calle, llega el resto de la expedición. Tras tomar contacto con los instrumentos, los de Reinosa se meten en faena. Rulo -bajista y voz-, Nando -guitarra solista-, Fito -guitarra rítmica- y Edu -batería- ya se encuentran sobre el escenario. El dialogo con los técnicos de sonido y de luces se hace continuo y fluido, algunas de las canciones tocadas durante esta prueba fueron "Los Molinos", "Capital Federal", "Jaleo" o "La Balada del Despertador", entre otras, con el fin de controlar todas las posibles variaciones musicales durante el concierto. Ejemplo de ello son los temas más contundentes de La Fuga y el acústico, que se convierte en el momento más íntimo entre cantante y público.
 
Una vez terminada la prueba de sonido, la luna -emblema del grupo- se eleva sobre la batería culminando el decorado. Con ello, el trabajo ha finalizado por el momento. Solo queda relajarse para dos horas de directo con uno de los grupos de rock en España que más gente mueve. Las barras que rodean todo el foso están repletas de bebida para apaciguar y calmar las 5000 gargantas que se darán cita esa noche, así como los hornos portátiles, para satisfacer el hambre de una jauría de hambrientos jóvenes y el merchandising listo para cambiar de manos.
 
Ver vídeo del concierto de La Fuga en Salamanca
 
 
Salamanca La Fuga
 Un reguero de gente rodea el pabellón, la mayoría adolescentes. El botellón se convierte en una herramienta para aplacar el intenso frío castellano en una noche de noviembre. Las sudaderas y camisetas de grupos de rock estatales e internacionales crean un collage de emblemas. La Fuga destaca por encima de todos ellos.
 
A las 20:30 horas se abren las puertas del Sánchez Paraíso. Poco a poco el goteo de gente desciende por la rampa de acceso al foso, rodean la pista buscando un lugar para depositar el abrigo ante el más que previsible calor ambiental durante el concierto. Otros acuden a la barra para continuar lo que habían comenzado en exteriores y algunos más cercan el puesto de merchandising como si la vida les fuera en ello.
 
Se empieza a notar el calor ambiental, las pequeñas aglomeraciones en las primeras filas hacen intuir un concierto muy animado. A dos metros de altura sobre el foso, se vislumbra un panorama impresionante. Las sonrisas y fotos de recuerdo son continuas. Los fogonazos de los flashes, cada vez a intervalos más cortos, parecen contar los minutos para el comienzo del espectáculo.
 
 
Las luces se apagan. Superamos las diez de la noche. Un grito unánime retumba en el pabellón, y la Fuga hace su fulgurante aparición. Durante las más de dos horas de concierto repasaron toda su discografía y fueron coreados por la multitud que acudió al recinto, pese a las bajas temperaturas. El resultado, perfecto. Los de Reinosa no se dejaron ninguno de sus éxitos y pese a algún problema técnico -incidencia en los pinganillos- continuaron con su fuerza habitual.
 
Una vez finalizado el espectáculo, los cuatro músicos se abrazan en el centro del escenario saludando a la multitud. Tras un can-can de ánimo y diversión, todos los componentes del staff de La Fuga se suben para hacerse la foto de familia. El marco es inmejorable, unos 15 amigos se apelotonan en el escenario de espaldas al público con un fondo perfecto, 5000 gargantas aclamándolos, solo faltan los técnicos de las mesas de luces y sonido y el responsable del merchandising. Las instantáneas quedan inmortalizadas. Los artistas, con la satisfacción del trabajo bien hecho, recogen los frutos de su directo -cánticos, coros y alabanzas al grupo- y se dirigen a camerinos.
 
Ver vídeo del desmontaje del escenario
 
Salamanca La FugaEn cuanto los músicos abandonan el escenario del crimen, los técnicos se dedican a desmontar el instrumental, andamiaje y decorados. Las señoras de la limpieza, ordenadas como un pelotón de fusilamiento, avanzan por zonas barriendo incluso a algún rezagado del concierto. El merchandising echa humo, cerca de 50 personas atosigan al único dependiente que se mueve con una habilidad, entre roperías y gritos, pasmosa, como pez en el agua. En poco más de treinta minutos el pabellón se vacía de público.
 
Alrededor de las 00:30 horas, el conductor del trailer, José, tras la ardua tarea de la mañana, llega descansado y comenta que "el record desde que comienza el desmontaje hasta que cerramos las puertas del tráiler, suelen ser dos horas". Todo el escenario se desmonta a un ritmo rabioso pero ordenado. Un toro mecánico sirve de ayuda para trasladar las unidades más pesadas.
 
"El orden es clave" destaca José, "nos permite impedir que se muevan las cajas y que quepa todo en un solo camión". Tras dos horas, esta vez no hubo record, las puertas del camión se cierran y parten hacia la próxima cita de La Fuga, en otra ciudad, otro día de trabajo, otro día de concierto, otra historia distinta.
 

- Pablo Ramos y Caty Sánchez -

 

 
Fotografías realizadas por Kris.S.Reinoso y Alfredo López