Entrevista con Delincuencia Sonora

Delincuencia Sonora: "En el punk se exige una militancia y una actitud, no puede ser moda, no debe serlo"

 

Madrid.- Salimos del metro y enseguida nos invade un peculiar aroma que parece marcarnos la dirección hacía algún lugar. Por el camino, nos encontramos con una cierta esencia de rebeldía mezclada con gotas de inconformismo y ese olor tan etéreo e imposible de conseguir que algunos llaman "libertad". Cada vez más cerca, el efluvio se intensifica con reminiscencias de los años 80, lucha y denuncia. Hasta llegar al el lugar idóneo donde podemos observar cinco pequeños frascos de punk, su origen, sus inicios. Delincuencia sonora, se llama el perfume a cuya fragancia no queremos renunciar. Y es que a lo largo de la entrevista esos pequeños frascos comienzan a eclosionar en un estallido de música punk de los 80, que aún siguen conservando su cercanía, su sentido del humor, su amabilidad y sobre todo su interés por no callar lo que piensan.

 

P. En todos vuestros años haciendo música, ¿habéis tenido algún problema con la policía como “delincuentes” del sonido?

R. José: ¿Algunos problemas con la policía? Hombre al principio sí, básicamente porque los maderos no sabían ni lo que eran los punk, nos llamaban pinkins y de todo. En conciertos, recuerdo una vez en Elche en el año 83-84 que había unas 1.500 personas en una sala y los tíos pararon a todos los punk que estaban y pidieron el carnet antes de que la gente fuera a entrar porque pensaban que era una concentración de tíos peligrosos. Luego nos hicieron parar en mitad del concierto, llegó un sargento o teniente policía, no sabía lo que era, y el tío desde abajo me llama, me acerco y me dice “que se calle usted ahora mismo”. El tío sube, me coge el micrófono y empieza a repartir los DNI (risas) a todos los pavos de la sala (risas) uno a uno, como si fuera el colegio (risas). Así que al principio sí que les costaba mucho entender que pudiéramos ir como nos daba la gana, etc, etc… Por lo demás, pues también por lo que decíamos o lo que pensábamos. Y por realmente tener un nombre que en los 80 parecía agresivo a tener uno que tiene una connotación poética según van cambiando las cosas. Pero sí, en esa época nos preguntaban que cuando habíamos salido de la cárcel, cosas así (risas).

P. El grupo surgió en el 81 pero hasta el 88 no salió el EP de “Vagabundo”, tardasteis siete años en sacarle, ¿qué tenía que tener una compañía discográfica para vosotros en ese momento?

R. José: Nosotros éramos muy radicales y no queríamos grabar con nadie que no fuera de los nuestros o de nuestra historia: punk. Las primeras grabaciones las hicimos en Alemania y en EEUU con gente de nuestro estilo que hacia las cosas con autosuficiencia, hacían autoproducciones y tú controlabas un poco más todo. Aquí no había nadie, y de los que había o con los que estuvimos, siempre que íbamos a grabar el maldito disco surgían problemas, se quedaban sin pasta o sin compañía. Entonces, esperamos hasta que abrió Basati en Rentería, amigos de los 80 de los primeros punks y anarquistas. Ahí sí que teníamos una conexión, éramos muy amigos desde hacía muchos años y tenía sentido grabar de forma oficial. Antes lo hacíamos solo en Hamburgo con una compañía que se llamaba Underground Sound, donde una parte era de alemanes y otra de chilenos refugiados de Pinochet. Y sí que teníamos una lógica de autoproducción y distribución. Éramos demasiado radicales (risas).

P. ¿De qué forma se expresaba o se vivía el sentimiento anarquista en la década de los 80?

R. José: De tener que explicarle a la gente lo que era realmente la anarquía. El concepto de anarquía que quedó o quedaba en esa época estaba muy confundido, sobre todo con los punks. Era caos y destrucción. Era una anarquía que no llegaba a ningún lado más que a un estado de zombies y de destrucción. Creías en una anarquía sin tener ninguna lógica de qué ibas a construir después o qué querías hacer mejor. Solo querías derrocar lo que había pero sin crear ninguna base para hacer nada. Nosotros sí que creíamos y seguimos haciéndolo, en una base más encaminada a ser paralelo al Estado y al sistema. Crear una autogestión y un sistema de comercio pero sin tantos excesos y beneficios por parte de unos y otros. Estaba todo por nacer y la primera fase era explicarle a la gente que la anarquía no era caos y destrucción, sino un proceso mucho más individualista y responsable, como ser humano que eras.

P. ¿Creéis que hoy en día ha llegado a la gente esa idea de lo que es el anarquismo?

R. José: Yo creo que sí, que ese estado el 15M, el de la calle, es el que no había antes y hubiera hecho cambiar mucho las cosas. En nuestro Estado o militabas a tope o no podías decir lo que pensabas porque te daba miedo implicarte. En un Estado como el que está ahora a base de contagiar respeto y no crear ese patrón de que un disfraz es más importante que lo que piensas. Digamos que ahora la gente es mucho más valiente a la hora de bajar a su barrio para decir los problemas que pueda tener en su zona que antes, que parecía que tenías que hacerte un mohicano, tenías que militar, tenías que matar a 20 maderos…

P. ¿Estamos entonces ahora ante un movimiento con reminiscencias punk?

R. José: Es un movimiento social y al ser un movimiento social, sí es un movimiento punk, porque el punk buscaba eso. Lo que pasa que antes se exigía demasiada militancia y demasiado radicalismo para que acudiera cualquier persona realmente a compartir ideas contigo que seguramente le hubieran llenado mucho más.

P. ¿Qué es lo que seguís conservando de esa época y en qué pensáis que habéis evolucionado?

R. Julio: Musicalmente tenemos más medios y somos más viejos.
Dani: Yo es que de esa época no puedo conservar nada.
José: Claro, es que Dani es super jovencito, es nuestro cachorrito.

P. ¿Qué opinión os merece la política que se está llevando a cabo en este momento?

R. José: Nosotros en el 81 montamos Delincuencia, precisamente porque nos parecía un timo brutal lo que nos estaban vendiendo como una transición democrática cuando realmente era una dictadura heredara. Una herencia recogida. Y parece que por fin la gente, ahora en el 2013, empieza a darse cuenta de que es un timo a nivel nacional. A nivel internacional se ha demostrado que se conducía una guerra de consumismo que no llevaba a ningún lado y ha creado unos valores en los cuales la gente parece que ha tenido que retroceder para encontrar cosas que le cambien. También es importante que la gente empiece a militar de cualquier forma, por eso te decía que el 15M es bueno. Es bueno que la gente si tiene miedo en vez de estar en su casa y morirse de hambre, baje a la calle y se dé cuenta de que a más personas les pasa lo mismo. El Estado intenta siempre que eso no pase, intenta que eso sea un problema tuyo y tú piensas que eso no lo puedes comunicar, porque te da vergüenza. Esa vergüenza es completamente fascista porque realmente lo que no quieren es que te comuniques y relaciones, es la fuerza que tiene la calle. Es digamos lo que ha conseguido el encerrar a la gente con televisiones y ordenadores para hacer que tienes más información, cuando no la tienes, que si realmente la lees nunca la tienes. Se ha conseguido que la gente vuelva a tomar la calle, darse cuenta de que el pueblo vive en la calle y se entera de las cosas compartiendo sus problemas con las personas de alrededor. No tienes que militar en ningún partido.

P. ¿Crees que a la larga las personas que lideran el actual movimiento del 15M se podrían llegar a convertir en políticos?

R. Quien crea un movimiento de ese tipo al final tiene unas estructuras que el tío quiere ser político. Es decir, el tío quiere ser un administrador o un administrador de fincas, o un tío que lleve cuentas… Nosotros en nuestro movimiento igual. Siempre hay gente que tiende más a tener una razón de ser y a convertirlo en un negocio, otros tienden más a una profesión y otros a mantenerlo como una idea. Sí, seguramente ya lo será o a lo mejor ya lo fue (risas).

P. ¿Qué es “lo que queda cuando todo va mal”?

R. José: (risas) Lo que queda es la vida, el estar vivo, el poder rectificar y cambiar las cosas. El mayor manifiesto que existe de un ser humano es poder estar vivo.

P. ¿Realmente veis factible que la paz se pueda llegar a alcanzar algún día?

R. Dani. Imposible.
Josito: Yo soy Julio y digo “¡Viva la guerra!” (risas).
José: Es un estado mental. Por ninguno de nosotros de los que estamos aquí sentados haríamos una guerra. Pero la gente tiene mucho miedo a afrontar la propia responsabilidad sobre las cosas aunque evidentemente sepas que eres parte del problema. Es mucho mejor delegar en un Estado, en un sistema, en un partido, en un alcalde, en un periodista (risas). Se trata de delegar y realmente lo que no puedes hacer en el planeta Tierra es delegar por las responsabilidades que son tuyas como humano y ser vivo que eres.

P. Hoy en día, ¿quiénes creéis que se esconden tras la “clandestinidad”?

R. José: (risas) “Clandestinidad” es un tema que queríamos hacerlo en plan nostálgico, como recordatorio a lo que nos hizo rebelarnos, en la edad que tiene todo el mundo para hacerlo cuando eres adolescentes. Momento en que tienes más ganas de cambiar las cosas y no tienes tantos compromisos que desvíen tu atención o que te confundan un poco respecto a la vida que vas a tener. Pero sí es un sentimiento que debes mantener. Yo creo que una persona que está en un ordenador y en un momento dado hace un ataque de denegación de servicio a algún sitio que no le gusta, está haciendo una acción social mucho más potente que a lo mejor un tío que está con una banda y canta una canción durante 20 años. Creo que esa acción, sin tener que contárselo a nadie ni tener que implicar a nadie, es una clandestinidad muy interesante. Apelas a una clandestinidad individual más que a un colectivo de lucha. Luego también está la nostalgia de lo que has visto y de lo que sabes que no se debe hacer. Todo eso es la parte de la clandestinidad por la que luchamos.

P. ¿Qué tipo de “reflexiones lleváis vosotros a cabo durante la noche”?

R. José: (risas) Es cabrona, ¿eh? Se ha leído las letras (risas). La noche la utilizamos en las letras como el estado en el que no estás obligado a cumplir un horario, unas reglas o unos requisitos. Lo único que te queda más o menos es decidir si duermes o no y qué puedes hacer. Es el único momento libre que te queda como ser individual o individuo magnifico que eres para poder cambiar las cosas. Decides si vas a dormir tus 10-12 horas que te quedan o vas a decidir pensar en cómo cambiar las cosas que te afectan a ti o al resto. Por eso la noche es tan importante, no porque estemos toda la noche de fiesta o algo así (risas). Sino porque es un toque simbólico a ese estado en el que por fin estás en casa o en un sitio tranquilo, y de repente, ese es el único momento que te ha dejado todo lo demás para poder hacer algo.

P. ¿Se está perdiendo la inocencia de aquellos “niños que jugaban entre paredes de ladrillos rojos”?

R. José: (risas) La inocencia es lo primero que se pierde ¿no? Se dice (risas). Es la primera víctima. Yo creo que no se está perdiendo la inocencia, sino que todo chaval que crece, tiene un poco de amor y que se relaciona, quiere cambiar las cosas. Pero no de una forma como “quiero ser el rey del mundo”, sino de una forma en la que él piensa que va a ser bueno para él y para los demás. El concepto de “Entre paredes”, es que vivimos todos entre ladrillos rojos, la ciudad, la ausencia de todos lo demás, lo que te hace enfrentarte a todo de manera mucho más rápida. Las madres no dejan que los niños bajen a la calle porque es mala, pero en la calle es donde realmente el chaval se siente más él mismo y se relaciona con gente. El principio de la comunicación es darte cuenta que tú no eres ni mejor ni peor que nadie. Que un grupo de gente con unas ideas determinadas o una pasión determinada hacía algo si puede hacer cambiar las cosas.

P. ¿Por qué “se hace más difícil sonreír cuando uno se vuelve mayor”?

R. José: Yo una vez leí y de ahí el tema de “Antipático”, que era uno de los pocos actos que tenía el bebé al nacer que no era mimético, es decir, que no lo aprendía porque te veía sonreír sino que lo hacía porque realmente lo sentía. Eso me interesó mucho desde el punto de vista de que realmente cuando sonríes lo haces porque lo que te gusta realmente te agrada, no en la parte socialmente que tienes que fingir y tal. Pero sí es muy difícil sonreír cuando creces porque estás mucho más dolido, tienes muchas más batallas encima, estas más desilusionado por todo, te duele más todo, tienes mucha más experiencia, te crees menos las cosas. El concepto del niño que llevas dentro hay que intentar no olvidarlo y recordar que si no sonríes es porque no puedes sonreír.

P. ¿Esa idea no choca un poco con la visión en cierto modo idealista que pareces transmitir?

R. José: ¡Es que no es un idealismo! (risas). La única comunicación que tienen los patrones libertarios o anarquistas es contagiar esperanza. Es decir, que porque a mí no me haya ido bien no significa que la lucha no siga. El tema “Antipático” realmente de lo que está hablando es que dijimos “no” a una guerra y dijimos “no” a un montón de cosas y nos pusieron un atentado en Madrid donde mataron a un montón de gente, pero aun así, tienes que seguir diciendo “no” a lo que sientas que es así. Por mucho que presionen, por mucho miedo que te dé o mierda que te encuentres, no debes de perder aquello que te motivó, porque era importante.

P. ¿Está la gente preparada para escuchar “lo que piensas y no lo que quieren oír”?

R. Santi: (con cara de circunstancia) Eso lo tendrá que decir cada uno, no sé si está preparada.
José: Que no es de noche todavía, que puedes hablar tío (risas).
Josito: De lo que dice Santi, yo me fio. Yo voy aprovechar ya que es una entrevista muy mediática y sé que va a tener una repercusión de la leche, para decir que nos devuelvan los pedales el de los Uriah Heep que nos mangó. ¡Mick Box, si lees esta entrevista, devuélvenos los pedales, cabrón!
José: Los Uriah Heep nos robaron una bolsa llena de pedales. Es verdad, de eso ya no me acordaba ya (risas). Eso es verdad… Eso es lo que a Josito no le hace sonreír, ¿ves? Siempre hay un motivo (risas)

P. ¿Qué se necesita para poder abrir “las puertas de Madrid” y qué se esconde tras ellas?

R. José: (risas). Yo creo que Madrid como ciudad cosmopolita las tiene abiertas, lo que pasa que en ese momento crítico del año 36, sí que había que cerrarlas porque el fascismo quería entrar. Pero creo que Madrid es una ciudad así porque precisamente ha mantenido las puertas abiertas a todo el mundo, ha aceptado a todo el mundo tal como es y ha sido cordial y amable. Solo que en esa época había que defenderlas porque querían entrar los fascistas por todos lados, es más, Madrid sola se quedó defendiendo todo por lo que se había luchado y se perdió. Era importante defenderlo no como una frontera sino como exclusión porque fue la única que los plantó cara. Chomsky dice que la revolución anarquista a nivel mundial es la más importante que hubo en el siglo XX. Yo creo que ahí Madrid sí que tenía que cerrar las puertas al fascismo y para Franco estaban las puertas cerradas.

P. ¿Qué diferencias encontráis entre el punk de los 80 y el que se escucha en la actualidad?

R. José: Creo que en actitud. El punk-punk es punk si tienes una actitud coherente con lo que dices y con lo que haces, sino es pop-rock, rock’n’roll, power-pop, heavy-rock, llámalo como quieras. Tanto como en el principio del rock’n’roll en los años 50, en el punk se exige una militancia y una actitud, no puede ser moda, no debe serlo. Lo fue pero ya que se inventen otro estilo. Por lo demás, hay mucha gente que hace mucho ruido y realmente son pop porque no quieren decir lo que piensan realmente, no quieren comprometerse, quieren decir lo que la gente quiere escuchar no lo que ellos piensan.

P. ¿Consideráis que son vendedores de humo?

R. José: Si, bastante. Sobre todo las últimas bandas americanas. Aunque españoles, vendedores de humo hay toneladas (risas).

P. ¿Pensáis que hace unos años se vivía la música de la misma forma que se vive ahora?

R. José: No sé, somos de una generación en la que la música era el ocio número uno y el fútbol todavía no lo era. Nosotros vivimos el cambio de tener que mirar quien jugaba localmente en cada zona, cuando antes donde ibas a tocar y no había ese problema. Eso surgió 6-7 años después de los 80. De repente, el número uno del ocio fue el futbol y todo lo demás marcaba las pautas, los demás teníamos que bailar a su son. Pero hubo una época en la que la música no tenía nada que ver con el futbol. No importaba que aquí jugara el Rayo Vallecano con no sé quién para que la gente viniera a vernos. Pero el ocio más borreguil después de la Iglesia o la religión es el futbol. Es decir, donde puedes hacer más tontos por segundos es en un campo de futbol. Aunque ahora también el videojuego es un ocio muy importante. La música no tiene por qué tener prioridad, la tuvo durante dos décadas. La gente se cansa y la música sigue siendo parte de la vida de todo el mundo, la banda sonora de ellos, pero por lo que sea, por ser repetitivo, no crear nada o no contaminar nada, te van delegando. La gente sigue deseando la música pero no la apoyan igual que a principios de los 80, ni de coña.

P. ¿Cuál es vuestra “verdadera razón” para seguir en la música?

R. Dani: Yo acabo de empezar (risas) y soy batería. Yo de música no puedo hablar (risas).
José: Si es que él es muy joven. Él precisamente nos contagia el optimismo y esa sonrisa que nosotros perdemos. Él tiene el mismo optimismo que teníamos nosotros cuando empezamos a tocar. Muchas veces estamos muy quemados para hacer ciertas cosas y él nos motiva más. Nos equilibra. Nosotros intentamos no darle mucho la brasa para que no se decepcione (risas).
Julio: No sé hacer otra cosa, aparte de que es mi vida. Yo todo lo que hago es música.
José: Nos alimenta, que nos dé o no de comer, por dentro nos alimenta. Esto parece un programa de revelaciones y confidencias (risas).
 

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Fotografías realizadas por Enharmonia