The Kluba - Amor, odio y ruido

Atropelladamente The Kluba es capaz de crear un ritmo pegadizo y animado en “Mi voz”, festejando y calentando los motores para lo que vendrá a continuación. En él dejan claro cómo son y la música que hacen, llena de los más variados ritmos. En este primer tema se pueden notar incluso ligeras influencias del country recordándonos a los rodeos americanos, pero sin dejar de lado un estilo propio en el que alternan su voz solista con el agitado instrumental.
 
Más calmada es “Amor, odio y ruido”. Una canción dedicada al amor con un mambo a la que se incorporan los ritmos ska que rompen con la base inicial, todo ello además, con la utilización de un estribillo muy repetitivo y fácil de seguir. Le siguen sonidos celtas en “Borracho de la vida” tras una estrofa principalmente vocal que deja paso a un ritmo más pegadizo acompañado de una letra llena de cuestiones de rápido ritmo que nos vuelve a recordar a los rodeos americanos, que en esta ocasión anima a dar botes. Una canción que empieza siendo muy vocal para después volcarse en la instrumentación haciendo del tema algo más skabilly.

 
Muy distinta suena “Vámonos” dotada de cierta picardía, de ritmo pausado y constante en su comienzo, sin olvidar la utilización de coros a modo de eco con el que finaliza cada estrofa. Tranquilidad mezclada con ritmos jamaicanos y una predisposición para caminar “hacía otro lugar”. Todo ello forma una manera más sosegada de animar a volver a empezar con paciencia. Tras ese impasse, la rebeldía vuelve a hacer de las suyas en “Anti-cowboy” donde tienen especial atención los instrumentos de metal que se encargan de dar la guinda a cada estrofa a así como al estribillo y a los momentos instrumentales. Finaliza la canción como la anterior, mediante el uso de un estribillo reiterativo.
 
Algo más tranquilo, transmitiendo cierta serenidad y con un estribillo relajado aunque lleno de mensaje suena “¿Quién fue primero?, con una misma base instrumental que cambia ligeramente pero siempre conservando su sello de identidad. Como una cumbia rápida se abre hueco “Colapso capital”, para luego volver al ritmo del inicio. Merece especial atención este tema por su intrigante y marcado ritmo donde la voz tiene una especial importancia. Una canción en la línea de la anterior que puede presumir de ser más rockera incorporando también ska. Parecida también es “Nunca vas solo”, los violines se mezclan con la percusión y los gritos de júbilo dentro del ska que incluye una parte más festiva en la que el mensaje se repite para dejar claro su objetivo.
 
Con aire jamaicano también se presenta “Rude rockers llaman”, aunque luego se transforma en algo más tribal que bien podría combinar cierto twis. Muy similar es “¡Qué calor!”, pero con coros que dejan claro cómo la temperatura va subiendo en el cuerpo y el calor se apodera de ti. Y nos trasladamos a lo que bien podrían ser los años 60 en el tema “Nada terminó” con un ska presente pero clásico, en el que se cuenta una historia del 99 con ese momento mágico en el que dos personas se conocen y llegan a algo más. Ese “algo” que pareciera no terminar nunca pero que lo hizo, esa chispa en la que tienen especial protagonismo los instrumentos de metal que se encargan de aportar al tema el clasicismo, marcando un antes y un después.
 
“Como una piedra” precisamente no nos deja este nuevo trabajo, que finaliza con similar ambiente animado a cómo empezó y al que se respira en todo el disco, apostando en esta ocasión por algo más rockero y menos ska, para concluir con rotundidez. Un disco que combina diferentes estilos, que a simple visto pudieran sonar igual pero que cuando tienes la suerte de escuchar con más detenimiento, nada tienen que ver. La versatilidad y el empleo de los instrumentos hacen de este trabajo un resultado enriquecedor instrumentalmente, fácil de seguir y con una canción para cada momento pero dentro de una misma línea bailable.
 

- Piltrafilla -