Robe - Lo que aletea en nuestras cabezas

Abro la puerta. La dejo entreabierta. Te miro. Te miro con la misma dulzura e inocencia con la que empieza el tema “Un suspiro acompasado”, cual chiquillo que mira con sonrojo a aquella chica de lo que estuvo enamorada toda su vida. Timidez, que pese a la incorporación pausada de instrumentos, nos deja unos primeros segundos puramente instrumentales. El nerviosismo por ser descubierto hace que mi corazón comience a bombear precipitadamente ante la angustia de que me descubras. No te gires, me basta con observarte de lejos. La atmósfera, la explosión instrumental, la decisión y el anhelo. Su voz. Una voz que se abre paso a versos cortos, que camina de puntillas por la habitación. La conciencia. La conciencia de un sueño que transcurre entre violines dando lugar a “ocultas conexiones” que solo tú yo conocemos. Una canción de cuento convertida, que se va apagando como una anciana vida, para pronto volver a revivir y dejarme caer en el sueño, en la aventura y en la fantasía.

 
Es una instrumentación melódica y potente la que sirve para dibujar el cuadro del idealismo, cabalgando a pinceladas de sentimientos huracanados convertidos en matices. Los mismos instrumentos que retoman el control de la canción, mientras el deseo se endulza, se enternece, sigue cautelosamente su camino, acunando “la esencia de las cosas”. Saborea cada instante para reverdecer con vitalidad. Un tema donde en cada mirada se descansa y en el que en cada pensamiento se toman pequeños sorbos de fuerza para enaltecer las emociones.
 
Volvemos a dejarnos llevar con “…y rozar contigo”, con algo más de osadía. Creo haberlo conseguido. Los sueños se hacen realidad o al menos se hicieron. La voz me toca con fragilidad, me susurra en algunos momentos puntuales, mientras una cama de violín amortigua el golpe de la realidad. La vehemencia va subiendo en este tema hasta tener claro cuál es mi fin, cuál es mi destino, qué quiero. Te quiero a ti. Me dejo llevar mientras revoloteas alrededor con fuerza. El corazón acaba deteniéndose con un toque más funk, más ritmo y con una letra bestialmente pegadiza. El “tic tac” marca que todo llega a su fin.
 
Pero lejos de terminar, continuamos con el tema “Nana Cruel”, donde se vuelve a la quietud y a la aflicción. Una nana que cuenta verdades, que huye de las esperanzas para busca cobijo con fragilidad, en un mundo donde falta el amor. Habla de decepciones, de creencias, de protestas, de un mundo imaginario, no por falta de opciones sino de convicciones. Todo ello con golpes secos, creando agujeros en la cabeza que se quedan vacíos, hechos por cada bala no esperada. La voz se angustia sumergiéndose en aguas oscuras de versos cortos y silencios. Una canción a la humanidad, a aquella que existe, a la que debería existir y a la que nos gustaría que existiera. Una cortina que ensombrece, de gran intensidad y en la que el amor se burla de nosotros, deja de ser el que mueve el mundo para convertirse en una farsa. Pero la voz sigue. La voz hace que los sentimientos emerjan. Cerca del final, el tema se vuelve más tribal, cambiamos el ritmo y expresamos las ganas de luchar contra el inconformismo, conscientes de que podemos perder.
 
Entramos en la desidia, de la mano de Caronte con nuestro óbolo y siguiendo el río Aqueronte, guiados por un sonido con tintes árabes llegamos a “De manera urgente”. En él, el “violinista” de Hamelie nos atrae cual rata, acompañado de unos coros. Ambos hacen que la serpiente levante su cabeza para picarnos. El veneno nos corre por la sangre y empezamos a sentir sus efectos: impactos secos y seguros, fuerza, energía, pasión, garra y vigor. Tras ello, un estribillo apocalíptico empieza a sonar en nuestra cabeza, cautivándonos por el misterio que a ello antecede. El flamenco llora. Un sufridor se levanta agonizando al mismo tiempo que se endemonia, nos embauca y nos hace pecar. Una canción por todo lo alto que se acicala en el inframundo para acabar de forma suave.
 
Tras el sofocón, nos hundimos en el mar de la mano de “Por ser un pervertido”. Bajo el agua, todo es relajado, solo escuchamos el cálido sonido de los instrumentos. La voz nos hace despertar, recomponernos. Caímos. Ahora toca levantarse con rapidez. Nuevas sensaciones nos animan, aunque “perdidos” buscamos con agilidad el camino. Recordamos la paz del agua, el vientre materno nos protege emocionalmente. Intentamos salir a nado hasta la orilla más cercana. Momentos de reflexión instrumental se alternan con otros más bravos a cargo de la voz.
 
Una píldora de minuto y medio, con arrebatos entre el sosiego es “Ruptura leve”, donde la espera de los instrumentos en cada estrofa se convierte en decisiva, el leitmotiv del tema.
 
El “Guerrero”, comienza a vestirse para la batalla final. Cada detalle cuenta, el cuento creado con la primera canción merece un final digno, lleno de simpatía en los ritmos. La cautela, una virtud. La lucha, un propósito. El amor, un camino. Uno de tantos. Tú, mi premio. Un tema, que se vuelve más agitado en algunos momentos, el guerrero se aproxima a su personal e intrínseca lucha.
 
Por último, un tema que ya habíamos oído, “Contra todos”. Se presenta de forma contundente con toda una declaración de intenciones. No hay dudas. No hay vaciles. La música crea una atmósfera donde desahogar las voluntades del espíritu, vistiéndose con la piel de la elegancia, al mismo tiempo que la voz se desnuda sin pudor. Aquí también escuchamos leves matices flamencos, arrebato, violines, locura contenida que estalla, sigilo, piano, inquietud, revolución, aire, tierra, dureza y contundencia. Una obra literaria hecha sonido, la reconversión del artista en la fluidez y majestuosidad de una voz y unos instrumentos fieles a su guía,
 
En definitiva, ocho temas sólidos. Ocho obras de arte en forma de estrella fugaz. Ocho deleites que mascar pausadamente. Ocho cortes insaciables. Déjate cautivar por la poesía hecha música porque llega el momento de cerrar esa puerta entreabierta, de dejar de mirar tras ella. Llega el momento de imaginarte y soñar contigo.
 

- Piltrafilla -