Memoria de Pez - Tocar madera

La batería nos deja ver su seguridad y constancia al inicio de “Huele a quemado”, junto con el característico ritmo de la guitarra que otorga muchísima personalidad a Memoria de Pez, instrumentalmente hablando. Sin dejar ningún tipo de dudas sobre de cuál es el grupo que estamos escuchando. Para muestra ese primer tema, un verdadero rock, que se suaviza en el estribillo rompiendo la canción acertadamente junto con la incursión de coros que sirven para reactivarse con el sonido inicial. Además de esconder un diálogo instrumental de guitarras con el que se inicia el ascenso hasta la cima con riffs propiamente rockeros y enfermizos. Todo ello a destajo, como un escaparate, para dar paso a una cierta rotundidad en la que se repite el estribillo pero de forma más rápida y con una mayor intensidad.  
 
Rockera también suena “Tus rincones”, donde la voz es la protagonista sobre una base instrumental que incorpora vientos y deja paso, como no podía ser de otra forma, a unos pocos segundos instrumentales y a un ambiente que pareciera dibujar un estrellado cielo. Esto dura poco, ya que pronto el ritmo se viste de gala y elegancia dejando su merecido sitio al piano, que aporta cierta tranquilidad rota por la guitarra descarada. Mención aparte merece la voz hacia el final que se llena de garra para finalizar con el agotamiento de los instrumentos tras un duro trabajo. Sin abandonar el rock también suena “Me voy a cantar” con pulsos de percusión y una voz diferente que aporta otro estilo al tema pero que no hace que la calidad vocal baje, ya que sabe desenvolverse con soltura y pasotismo, aunque en determinados momentos se haga acompañar de coros. Una canción muy pegadiza, que de alguna manera nos traslada a los años 80. A destacar la textura vocal, ya mencionada, insinuante, y que si bien, puede quizás adolecer del desgarrador tono de J. Calvo, sí que puede presumir de una mayor chulería y desparpajo.

 
Y si los acordes tan característicos de “Todo tuyo”, nos dicen “somos Memoria de Pez y aquí estamos”, la voz de Robe se alza en casi la totalidad de ese tema, haciéndose eco de un espíritu embaucador que pareciera llegar al límite de la depresión y la introspección, acompañado de una instrumentación que le va como anillo al dedo. Todo ello fusionado con un estribillo que se desliza con fuerza por sus cuerdas vocales, mientras la leve voz de J. Calvo se dibuja en la lejanía. Una canción con una estructura que podría pertenecer al propio Extremoduro incluyendo minutos instrumentales más pausados en contraste con algunos más exaltados, e incluso una parte más suave donde es la sosegada voz la que pone luz a la oscuridad. Una voz que se regodea en los estribillos mientras los gritos amargos del fondo le dotan de intensidad y lo elevan al máximo, para terminar con unos acordes que nos recuerdan a los dos primeros que marcan el inicio del “Tercer movimiento" de Extremoduro.
 
Continuamos con “Si no entiendes nada”, donde el vibrar de la batería deja paso a un rock más tranquilo, con guitarras que saben destacar cuando es preciso. Recurriendo al empleo de la anáfora, apuesta segura, y al dulzor de una guitarra española con suaves coros en una canción que termina de pronto, sin previo aviso, y que incluso, se hace corta. Más melódica suena “Palabras en el fango”, bañada por la melancolía y guiada por la voz. Una balada a medio tempo y sobre una de rock en la que el piano se encarga de crear el escenario apropiado en el que desenvolverse todo el resto. Pero sin dejar a un lado momentos en los que los riffs de guitarra aportan un dramatismo que llega a su máximo apogeo al final, donde tanto la voz como los instrumentos lo dan todo.
 
Con algo de misterio se inicia “No quiero verte”, que pronto cabalga en un ritmo rockero constante y al mismo tiempo paciente, para engalanarse en algunos instantes con ligeros coros. El ritmo, sin embargo, se hace más frenético a la mitad de la canción, con riffs y frases cortas, para dar por finalizado el tema de forma enérgica y repetitiva.
 
Terminamos con “Dame un poco más”, de mecánica diferente, creando un rock con un ligero toque rockabilly dotado de cierto encanto. En él, la voz coge el timón y se presenta en un primer plano a veces usando la reiteración de frases con cambios de ritmo más seguidos y constantes. Incluye también un momento en el que los instrumentos comienzan a ser más simples para estallar en coros vocales que se recrean en la misma frase que escuchamos a lo largo del tema “Quiero solo un poco más, solo un poco más, dame un poco más”. Termina con una genialidad de la guitarra y un toque más pronunciado del rock clásico de los 80. Cuando el tema acaba, se hace hueco un sonido eléctrico-dance al final.
 
Un disco que se pasea por el rock con gran facilidad, como si el grupo llevara más de 30 años haciéndolo y que nos recuerda a los inicios de algunos de las grandes bandas que surgieron en los 80 pero con un toque de frescura. Un nuevo trabajo que continúa en la muy buena línea del anterior, que desde luego no defrauda, sabiendo lo que nos vamos a encontrar desde la primera canción: rock en estado puro. Tan sólo ocho temas, por ponerles alguna pega esa seria precisamente la principal. Sólo ocho temas y nos dejan así, con las ganas de seguir escuchando nuevos temas. Ganas que tendremos que sedar para poder contener mientras esperamos su próximo disco.
 

- Piltrafilla -