Memoria de Pez - 100 nudos por segundo

En el mar. Así comienza “100 nudos por segundo”, con el sonido de las gaviotas, una delicada y triste melodía de fondo y la presura de los remos que se acercan con la música más rockera y dura a manos de las guitarras. Original forma de comenzar un disco que ya nos augura lo que vamos a encontrar. De hecho, un mismo sonido constante de fondo sirve de nexo para “Me dejo llevar” en el que el rock ya se deja ver totalmente con unas guitarras y batería que combinan con el timbre de voz. En él, el estribillo y la instrumentación pasan a un primer plano para cerrar el tema con determinación.
 
En su nado por el alterado mar encontramos, “Celos”, uno de los temas más sorprendentes, donde el piano destaca por encima de las guitarras que sabrán sobresalir en el momento idóneo. Además, cuenta con una letra apasionada que habla de los celos de forma fastuosa fundiéndose con el sonido. El resultado es una confluencia de elementos que construyen un buen tema en el que no faltan los riffs desgarradores y un final, en el que de nuevo, el piano vuelve a despuntar.

 
El rock se deja notar aún más en “Buscando tus pies”, que incluye un cambio rítmico alocado al final bajo custodia de los instrumentos cuyo sonido se va perdiendo a favor de “Julia”, en la que el rock destaca por encima de todo con un desenlace instrumental que incluye virguerías de la guitarra. En esa línea también encontramos “Soledad”, más acelerado y con coros femeninos de fondo, o “Pesadilla”, una canción rockera que encierra unos segundos de evasión emocional marcados por los instrumentos para volver al rock con una leve voz femenina.
 
Con la sensación de ser más lenta en su inicio, “Herraduras oxidadas” se sube al barco del rock haciéndose eco de la decisión que se demuestra en temas anteriores. También más lenta suena “Mientras sale el sol”, marcada por una letra de despedida que hace de ella una balada con momentos grandiosos, a cargo de la música, que enarbola los sentimientos. Además contiene un ritmo más movido hacía el final compaginado con el estribillo que no hace perder al tema su esencia, para recurrir a la melancolía del principio y terminar con una frase culmen.
 
En “Buenas intenciones”, los platillos de la batería dan lugar a ritmos acelerados, una letra incitante y riffs de guitarra que hacen de la canción toda una provocación contrastando con “Bajo las estrellas”, una balada que cierra el disco con las guitarras al servicio de la voz para más tarde dar su propio testimonio. Todo ello con una letra que habla del declive del mundo.
 
Derroche de rock, baladas que se elevan hasta llegar donde se propongan, letras muy bien trazadas que en ocasiones hablan del mar, finales que culminan con alardes instrumentales e incorporación del piano al  género rock aportando una textura diferente y acertada. Eso es lo que encontramos antes de atracar el barco en el puerto más cercano. 
 

- Piltrafilla -