Mal Asunto - No a la paz

La sirenas de la ambulancia y la policía del tema “Mercenarios”, nos alertan de que algo está pasando. Frases cortas y contundentes, dentro de un ritmo fluido y constante, protagonizan ese primer tema, que cuenta con la combinación de estrofas más determinantes con otras más escurridizas. Una canción en la que también hay sitio para los riffs y los coros de clara apariencia punk, resultando muy critico con respecto a la actitud de la policía, a la que tacha de mercenarios, entre otros “bonitos” piropos. A él le sigue “La moska kojonera” con una base de batería muy parecida a la anterior, frases rápidas y una voz rasgada hasta el final, además de crear un diálogo vocal con pequeños gritos en los que, de nuevo, la letra es de clara denuncia. Incorpora también una parte algo más tribal de percusión que pronto evoluciona hasta engancharse al sonido inicial. Le pone punto y final, el sonido de una mosca protagonista de un tema basado en la venganza.
 
Algo diferente suena “Ke policia más buena”, con gran agilidad. En él se cuestionan o se ponen en duda las investigaciones policiales y el conformismo del “populacho”. El sonido punk crea un cierto patrón instrumental que se rompe con la incorporación de riffs y la batería al final. A continuación suena “La traición”, que se alimenta de golpes instrumentales a modo de carrera particular en relación con la voz, hasta que ambas se fusionan en un mismo ritmo. Una canción a dos voces con la repetición constante del estribillo. Así llegamos como guerreros encolerizados a “Mensajero de la muerte”, donde los instrumentos se encargarán de poner la puntilla a cada estrofa, con un ritmo alocado y a veces militarizado. En él se hace una crítica sobre los abusos del poder, los sueldos vitalicios, los paraísos fiscales y los vicios del poder político. Escondiendo a su vez, un cambio de ritmo acertado y algo más calmado pero siempre priorizando la claridad de mensaje.

 
Con una mayor potencia y aceleración discurre “La zorra de Belén”, en el que, de nuevo, encontramos coros y una voz desgañitada, sobre un base rítmica que a veces presenta ciertos toques rockabillies. Y los ladridos de un perro nos inician en la historia de “Arturo”. Un tema de ritmo apresurado pero con riffs enérgicos a veces. Y si en algún momento pensábamos que la canción iba a terminar pronto nos damos cuenta de que renace sobre el mismo ritmo de base.

 
Una estructura muy similar al resto de temas se escucha en “Otra vez”, con la incorporación de coros para ratificar determinadas frases y un cambio de ritmo más pausado, determinante y firme que lo mejora notablemente. A él le sigue el sonido de los platillos en “Mi historia”, donde la voz se coloca en el punto de mira con golpes instrumentales claves que pronto se enzarzan con un ritmo más apresurado. En él se nos explica cómo funciona la justicia hoy en día y como aquellos que parecen tener malas pintas se convierten por regla general en el objetivo.
 
Las frases cortas hacen su trabajo en “Suicidio fracasado”, con unos riffs que dotan al tema de cierto encanto y coros como diálogos, donde se habla de aquellos cuyas vidas son un absoluto infierno. Seguidamente las grabaciones de las manifestaciones en los telediarios abren “No a la paz”. De una gran rapidez y una extensa parte instrumental basada en ciclos. En la canción la voz reivindica un cambio y una actuación, haciendo un llamamiento a la lucha. Las grabaciones vuelven a repetirse casi al final seguidas de una locura desbordante.
 
De sonidos más rockeros mezclados con cierto punkismo surge “Que l'hi ha passat”. Un tema en el que se construye uno de los ritmos mejor obtenidos de todo el disco. Su final lo marca el inicio de “Tu decides”. Un bonus track donde si bien las guitarras guían el inicio de la canción, la batería pronto se incorpora. Frases rápidas e insistentes en sus finales con un sonido ametrallador para dibujar un paisaje donde se habla del poder, escondiendo una parte más relajada a cargo sobretodo de los platillos.
 
Un disco de trece temas con un sonido diferente, ausente de claridad o limpieza optando por el ambiente ochentero o incluso de maqueta. En el que casi todos los temas presentan ritmos y recursos muy similares, con unas letras que si resultan directas y poseen contenido. La textura de la voz es buena, y puede llegar a tener la fuerza suficiente para destacar, pero su lucimiento en este caso es escaso por falta de garra. A nuestro juicio lo que le da el estoque final al disco es la ausencia de sorpresa. No hay incertidumbre y cuando pareciera que podría haberla, pronto se disipa. Aunque no por ellos podemos dejar de calificar el disco como “el fruto de la rebeldía de un punk joven”.
 

- Piltrafilla -