Lendakaris Muertos - Crucificados por el antisistema

Las sirenas de la policía y los gritos anuncian que algo está a punto de ocurrir en “A la calle”. Frase que irónicamente el grupo utiliza de símil como la que cada vez más gente escucha antes de ser despedido y de formar parte de una larga cifra numérica de parados. En definitiva, de convertirse en un número más para las administraciones. La canción se desenvuelve en un ritmo rápido y en una letra repetitiva con un estribillo que cuenta con varias voces. Se termina este tema con las mismas sirenas que escuchábamos al principio, aunque la manifestación parece continuar en “Estamos en esto por la drogas”, de nuevo con un ritmo muy parecido y similar dinámica aunque con un brevísimo descanso a mitad del tema donde coger aliento para volver a decirnos esa prima de “sexo, drogas o rock and roll” pero con su particular visión.
 
Con semejante base se presenta “Simpatía por el de Bildu”, de ritmo quizá algo más rockero y en el que se hace una ruta política de forma humorística desde Donosti a Navarra siempre con coros. Le sigue “Cómeme la franja de gaza”, carne de pogos y en el que de alguna manera parecen reivindicarse los derechos de las mujeres musulmanas con la repetición del título dentro de un ritmo que se mantiene constante, pese a que en un momento dado introduce una minúscula parte instrumental que sirve de antesala para lo que pudiera ser una conversación entre el marido y su mujer, cuya voz de ésta última es descaradamente realizada por uno de ellos. 

 
En “Una de rumanos” se nos habla del trato que se da la inmigración como si de extraterrestres se trataran, pero también de la continua emisión de noticias sobre rumanos en los telediarios. Todo ello dentro de los mismos cuatro acordes tras los que suenan “Qué tiren la bomba”. Tema aún más loco, con las guitarras y la batería ardiendo en una canción en la que se habla de los antisistemas de una forma más cercana a la crítica que al elogio.
 
Continuamos con “Síndrome de Download” con una voz que vuelve a coger el mismo ritmo y que sigue con coros y riffs de guitarra para hablar de la gente que se descarga de todo, sin ningún tipo de selección o criterio, haciendo de la música algo gratuito y sin control. En él identifican dicho síndrome con el síndrome de Diógenes, que se caracteriza por la acumulación de grandes cantidades de basura sin sentido. Termina como empezó.
 
Y como no podían faltar, también en esta ocasión encontramos algunos temas sumamente cortos que no llegan ni al minuto como “Pendientes de perlas”, donde se critica desde el punto de vista de las relaciones sexuales a las pijas con ritmo frenético, “Amor, discos y a patadas” con la repetición constate de ese título o “¿Derrochas agua?” con la batería como protagonista y de tan solo tres frases.
 
Con acento argentino comienza una canción dedicada a la cocina moderna, “Envidia cocina”, en la que se critica a los cocineros que presumen de innovar sin saber ya que inventar. Incorpora también una parte instrumental con la que se inicia una sátira o ironía sobre los restaurantes de ricos. Algo más rockero suena “Satán (Pasao De Rosca III)” con un ritmo diferente y fantasmal que dan la bienvenida al principio, para luego hacerte saltar entre pogos con cambios rítmicos constantes. Las voces fantasmales son las que cierran el tema.
 
Entre aplausos, el sonido de la batería y un acople de por medio, comienza “Punk de molde” para estallar en pogos y hacer una metáfora con el pan de molde. ¿Quién hubiera dicho que el pan de molde podría dar para una canción que sirviera para criticar también a los punk comerciales?
 
Y con similar base instrumental e incluso igual ritmo, suena “Teletecho o propofol” donde destaca el silencio de los instrumentos para ensalzar la voz al “elijo propofol”. Incorporando algunos coros en “Ni sí, ni no, ni todo lo contrario”, la música se calma ligeramente para hacerse eco del título y un ligero silencio cuando dicta la canción con el “espera, para”.
 
Termina este disco con dos temas. El primero, “Mucha presión”, en el que parecen reírse de ciertos trabajos donde pareciera que existe mucha presión cuando a fin de mes cobrar se cobra un sueldo que pocos tienen. El segundo, “La hoz y el Martini”, en el que afilan sus palabras haciendo una crítica contra el 15M, no contra el movimiento en sí, sino contra aquellos que se lanzan a la calle para protestar pero no dejan de lado sus móviles, sus Iphones, etc. Aquellos que intentan dar una imagen que dista mucho de ser real, convirtiendo la lucha inicial en una moda. Sin duda, el mejor tema del disco por su letra y por su estribillo.
 
Un disco que sorprende por el número de track, un total de 17 pero cuya duración no llega a los 45 minutos. Con canciones muy cortas, estribillos repetitivos hasta la saciedad, ironía, crítica escondida, aparente punkismo fácil y sin grandes alardes.
 

- Piltrafilla -