Gatillazo - Siglo XXI

Con un sonido expectante comienza “Hemos venido a divertirnos”, donde la batería sienta las bases de una furia que se personifica en la característica voz de Evaristo, todo con un ritmo rockero que se levanta a golpe de coros que cohesionan a la perfección y sobresalen en los momentos más álgidos en un juego a dos bandas: voz principal y coros. Incluye también un cambio de ritmo y una critica a destajo en la parte más tranquila, y a la vez rotunda, del tema. Le sigue “Esclavos del siglo XXI” con la totalidad de los instrumentos y una base constante que se vuelve más rebelde en ciertos instantes. En esta ocasión, los coros dotan al tema de un cierto espíritu fraternal y mucha fuerza. Una canción movida que esconde una parte instrumental algo más precavida con la voz alzándose sobre el resto, para regodearse en los coros y en el tema principal de la misma.
 
Las balas de Gatillazo dan en el centro de la diana en “Jota de la derrota”, directa y sin rodeos con una fuerte denuncia hacía los políticos y los sindicatos. Una pequeña pieza que sabe guardar un gran contenido en un pequeño frasco a punto de estallar. Continuamos con “Un minuto en libertad”, de ritmo rápido y un estribillo potente y pegadizo, donde se aúnan fuerzas a as que pronto se incorporan las guitarras para sobresalir en adelante con riffs.

 
La voz resalta especialmente en “Ultras”, que también se mueve como un coyote sobre una carretera rockera. Los riffs de guitarras y una gran crítica a la democracia y la ultraderecha completan el tema. Sobre la corrupción y la falsa libertad se levanta “La última patada”, en una canción que esconde cierta heroicidad instrumentalmente hablando y que camina pisando firmemente la burla y la ironía. En ella, los coros vuelven a ensalzar el espíritu de lucha, con una pequeña parte instrumental que oxigena la canción para seguir con la repetición del estribillo al que resulta imposible no unirse.
 
Guitarra y voz abren “Otra canción para la policía” dando respuesta al por qué de muchas cosas. Un buen tema, corto pero decisivo, chulo, incisivo, irónico, realista, provocador y afilado, aderezado con un ritmo rápido y unos instrumentos que sabe respetar la letra dejándola su hueco para llegado el final, retomar el comienzo. Con un sonido algo más metalizado comienza “Bla-Bla-Bar”, donde deja paso también a un descenso de la voz más rasgada y ligeramente susurrada con frases cortas que finalizan con toques instrumentales y una parte de lucimiento de guitarras, que alborota el ambiente al compás de la voz para crear una atmósfera de fiereza.
 
“Nunca fui a la Ikastola”, se presenta con un ritmo acelerado, en el que también encontramos frases cortas y rápidas dándonos su particular visión de España. Corte muy corto que culmina con un solo de voz al que le siguen unos coros. Más tranquila es “Los chicos están bailando”, de marcado ritmo, con un estribillo siempre pegadizo de coros al que en ocasiones le sigue una música aún más marcada que nos enseña los dientes para recrearse en el estribillo de riffs con voces. Luego, locura se enmascara en los primeros acordes de “E por si muove”, para pronto asomar la cabeza con una letra que deja poco descanso para subrayar determinadas frases. Una canción que se mueve rápida y ligera con una letra, que como siempre, no deja títere con cabeza, tratando de no “estresarte” para finalizar de manera repentina.
 
Los ritmos marcados también se escuchan en “Es el odio (ignorancia)”, como un auténtico himno, cargado de sarcasmo donde el odio, como su propio título indica es el protagonista y el que corona el tema, volviéndose fácilmente coreable. A falta de pocas canciones “Siempre te amaré” también se nos presenta con un ritmo rápido, donde es la voz la protagonista recurriendo a la repetición de una misma palabra al inicio de cada frase, que como suele ser habitual, queda bastante bien más aún si está acompaña una buena letra. El estribillo es algo más melódico y la canción esconde unos pocos segundos algo más lentos instrumentalmente, para volver a los acordes del inicio.
 
Sumamente rápida también es “Entorno”, donde la letra va a destajo contra los bancos y las voces dibujan un cierto eco a base de coros, con una repetición del estribillo no demasiado larga. Y terminamos con la batería marcando los golpes de “Crónicas de un cerdo”, que al igual que muchas otras se ayuda de coros para aportarle cierta braveza y culmina con una jota y el típico sonido a modo de desintonización de radio.
 
Un total de quince temas, algunos de ellos más cortos, otros más largos, pero la duración en este caso pasa desapercibida puesto que lo que llega es el mensaje, muy bueno en cada uno de los cortes. Quince canciones con críticas que dan palos a todos los lados, con ritmos acelerados que energizan aún más esas críticas, con una combinación voz-instrumentos majestuosa. Y ahora es cuando a nosotros nos entra la duda sobre qué decir de un grupo que tiene una personalidad tan marcada y cuyas canciones se reconocen al instante, pero no porque suenen igual, sino porque tienen ese estilo personal que los hace inconfundibles.
 
Solo podemos apuntar que otra vez estamos escuchando un nuevo disco de Gatillazo, en el que a priori sabemos lo que nos podemos encontrar y que a nosotros nos encanta encontrarnos, esas dosis que solo ellos pueden proporcionarnos, aunque sea de vez en cuando. No sé a qué estas esperando para comprar la tuya: altamente viciante, excitante y sin riesgo para la salud, aunque esto último no os lo podemos asegurar.
 

- Piltrafilla -