Dr. Sapo - Balas de plastilina

De forma explícita con un “¡a la mierda!” comienza el primer tema de este nuevo disco de Dr. Sapo, que como no podía ser para menos lleva el título de “Mierda”. En él escuchamos una voz bastante rockera y curtida sobre una sábana instrumenta también de rock. De hecho, en algunas ocasiones nos recuerda a algún tema de UGE. Un tema algo distinto a lo que habitualmente nos tenía acostumbrado este peculiar doctor en sus posteriores consultas. La canción además, también utiliza el título para repetirlo constantemente pero con un garbo y una chulería que evitan que llegue al cansancio.
 
Continuamos con otro tema rockero en “Soy rumbero”, por lo que en cierta medida difiere del titulo con riffs por todos los lados y un ritmo constante e incluso, en algún momento, un solo de voz. También tiene una parte más alocada marcada por la música y la prolongación de la voz a modo de grito. Por supuesto tampoco podía faltar una parte instrumental en la que las guitarras se lucen y la batería las acompaña hasta esfumarse en el aire. Más popero suena “Desde la estación”, compuesto de frases cortas y una música muy marcada que crece por momentos. Esta sí, en la línea de Dr. Sapo en las que las canciones se convierten en historias musicales con estribillos pegadizos y fáciles de seguir. Sí que presenta también un momento más rockero encarnado por la guitarra que se hace hueco pasados los dos minutos y medio hasta poner fin al tema.

 
Más lento y con cierto gusto a un seductor blues, “El lobo feroz” nos sorprende con un cambio de ritmo aún más lento con el que se reanuda, con mayor nervio, el ritmo inicial.  Además de que en ella podemos escuchar la incorporación de instrumentos de viento como el saxo y la trompeta.Tras el apogeo, casi a mitad del tema, volvemos a la calma y al resurgimiento. Una canción en la que al igual que en las otras, el estribillo se repite pero el buen acompañamiento musical e incluso, al final, los coros a modo de maullidos hacen que no se vuelva pesado en ningún momento.
 
“Mortadela pal que canta”, se abre paso entre las cuerdas de una guitarra y cierto ritmo rumbero, seguido de un silencio. Pronto, vuelve a sonar, esta vez con más instrumentos y un mayor ritmo. Con un sonido diferente que luego se transforma en algo más popero y deprisa. De nuevo, vuelta a los inicios pero de forma distinta, aunque siempre con las cuerdas iniciales de fondo. “Que la música es arte”, lo es. El tema lo deja claro con los cambios de ritmos y la heterogeneidad, en una canción que habla de los músicos y los contratos.
 
Extrañamente familiar suenan algunas de las canciones. No es raro, pronto nos damos cuenta de que no es la primera vez que las escuchamos, sino que muchas de ellas sonaban ya en discos anteriores como “Luna de menta”, incluida en “Territorio Apache (2008)”, y que cuatro años después se escucha con una voz más desgarradora y una base instrumental que adquiere mayor ímpetu. Pero ese no es el único tema, también damos la bienvenida a “Hola Pepito” con mayor descaro. No obstante, de su primer trabajo titulado “Al tran tran (2004)”, el alcarreño también rescata otros dos temas, “Por ser el primero” y “Taka taka”. La primera de ellas, si bien hace unos años contaba con la colaboración de Dani de Despistaos, en esta ocasión sigue conservando la lentitud que la asemeja en algunas cosas al tema “Sam”, pero sin la fragilidad de ése pero sí con la misma dulzura. Un tema que alcanza su máximo apogeo en los estribillos. La segunda, dotada de acordes más vinculados al rock clásico, respeta el ritmo de su versión anterior aunque algo más deprisa notándose mucho más elaborada y con mayor fuerza. Y no podía faltar alguno de su último disco, “No hay fronteras (2010) es el caso de “Rogelio el caracol”, donde el twis y el toque retro del tema, así como la incorporación del órgano destacan la divertida letra con la que nos narra las aventuras de un caracol y su riesgo al ir a por comida, todo ello con algunos coros. El tema se hace bastante corto.
 
Terminamos el disco con otra canción, “Balas de plastilina”, que ya habíamos escuchado en la maqueta de “Miguel 1.2.3.” y que además ha sido el título escogido también para el disco. Nada que envidiar esta nueva versión, por llamarla de alguna manera, con el encanto y la simpleza que tenía la de hace años. En la que precisamente todo eso la hacía tan especial. Sin duda, uno de esos temas que tras escuchar ablanda corazones por el intimismo de la guitarra, al mismo tiempo que se usa uno de los sonidos más comunes, el silbido de unos labios.
 
Un disco que rememora algunos temas y algunos momentos con canciones de hace años, en el que se demuestra una evolución del grupo en los temas nuevos. Un disco que sorprende de hecho por esos nuevos temas y que al mismo tiempo que te deja un buen sabor de boca y cierta sorpresa, te deja un amargo sabor de boca por la ausencia de un mayor número de temas nuevos. En definitiva, las canciones ya escuchadas antes del disco, presentan un sonido más nítido y meticuloso que hace tiempo, mientras que las nuevas canciones te dejan ese "regustillo" de querer escuchar más cosas frescas.
 

- Piltrafilla -