Desastre - Soltando Lastre

Con la continuidad de golpes y la incorporación paulatina de los instrumentos comienza “Soltando lastres”, con un ritmo muy pegadizo, movido pero perfecto, con sabor a puro rock. Primer tema fiel reflejo de lo que el grupo ha querido transmitir en el disco, haciendo brotar desde las raíces las ganas de escuchar qué vendrá después. Firmeza, madurez y elaboración de un trabajo en el que logran conseguir una cohesión rockera muy grata.
 
Encontramos después la canción, “Miradas empañadas” en la que de nuevo escuchamos el puro rock, el de siempre, el de hace años, como el producto sin colorantes. En ese tema se cuenta la historia de una mujer, en la que la música se mitiga cuando la voz se sitúa en un primer plano para luego bailar con ella unos segundos, dando paso a una parte instrumental que revienta con la voz. Incorpora también una parte más melódica pero siempre dentro de un rock cuyo engranaje funciona cada vez más deprisa, finalizando con la constante repetición de la principal idea en la que se anima a la mujer a avanzar, romper y no callarse.

 
Le sigue el tema “Un abrazo al dormir”, con una guitarra revolucionaria incluyendo un cese de la intensidad a favor de un ritmo más relajado, que despierta para volver al ritmo anterior y dejar paso a una parte más repetitiva con la que finaliza. Además destaca en la canción una parte vocal que podría confundirse con coros muy similares a los que se escuchan en el tema “Tambores de guerra", donde la voz rasgada al alba del rock marca el principio de un ritmo rockero con protagonismo de ciertas frases a la vera de la batería. Una canción protesta contra la pena de muerte, la tortura, los niños soldados o esclavos que incluye unos breves segundos instrumentales, como toda buena canción rockera que se precie, que sirven de escaparate a las guitarras. Pero también escuchanmos unos segundos en los que la percusión toma las riendas y los tambores aportan al tema cierta robustez.
 
Rockera al 100% encontramos “Mundo atragantado” y en la misma línea “Rock de carretera” dedicada a todos aquellos que hacen posible que se puedan dar los conciertos, a la totalidad del equipo, porque como dice la canción “en la carretera hay más gente de la que ves”. Dentro de esta última también hay hueco para un instante más retro que incorpora el piano.
 
Más lenta en su inicio es “De pena”, transformándose en un rock con empaque, riff frenéticos y ritmos excitados que dejan paso a una parte mucho más tranquila y melódica de voz suave, chocando así con lo anterior para transformarse por la agresividad de los impactos instrumentales. Y con cierta distorsión y riff candentes empieza “Haciendo promesas”, donde la voz se mueve al compás de la música caminando por frases cortas. Un tema que sigue un ritmo constante pero muy pegadizo donde destaca la importancia de los instrumentos. El desenfreno se deja ver con un aire a tango, si eso es posible, en “La reina del salón” que cuenta con la colaboración de Trapa (Matando Gratix), y que se construye con un ritmo apasionado y caliente para contar la historia de una mujer felina y ardiente.
 
Termina el disco con una balada de esas que entristecen, “Carta a Clara”. Un tema marcado por la guitarra acústica y por la melancolía del piano, que parece al mismo tiempo transmitir esperanza. La carta de una abuela que busca a su nieta tras su secuestro durante la dictadura argentina, y que nos dibuja una vez más, la intolerancia, la injusticia y la falta de libertad en aquellos años. Precisamente en esa búsqueda, la intensidad de la balada se hace más acuciante cuando el saxo entra en juego.
 
El resultado final, es un total de diez canciones que obedecen a la pureza del rock sin aditivos, en la que la figura de la mujer, por una u otras razones, parece tener un papel importante. Un disco que merece la pena escuchar y dedicarle un tiempo, si lo que te gusta es el rock en su vertiente más limpia. Realmente un trabajo que nos deja con un muy buen sabor de boca.
 

- Piltrafilla -