Concierto de Extremoduro (20/10/12)

Rebeldes guitarras pueblan mi cabeza durante una noche entera

 
Bilbao.-  Ni la noche más profunda en la que la oscuridad invadía la carretera, ni la niebla que nos impedía ver lo que estaba por llegar, ni los coches que nos adelantaban ni los que adelantábamos, ni tan siquiera la lluvia del día siguiente que no dejaba respirar al sol ni por un instante sino que nos calaba hasta los huesos, hizo que nosotros, procedentes del centro y que no estamos demasiado acostumbrados a tener que tratar con ella, dejáramos pasar la oportunidad de entrar en éxtasis con un buen concierto.
 
Nada. Nada de eso, impidió que con el peor pronóstico del tiempo nos fuéramos al norte, porque teníamos un compromiso. Teníamos esa miel en los labios que nos habían dejado algunos medios de comunicación al leer sus escritos, esas ganas de que llegará el día en que pudiésemos sentir por nosotros mismos como los pelos de los brazos se erizaban y como, nuestra alma más rockera se desprendía exacerbada de nuestro cuerpo.
 
Ese día había llegado, era nuestra hora de escuchar lo que otros ya habían escuchado, era la hora de vibrar y darlo todo, pese al sueño, al cansancio o a la espera. Dejando durante unas tres horas y media aproximadamente al mundo real con sus problemas, sumergiéndonos en la crudeza poética y en los riff sin contemplaciones de Extremoduro.
 
Bilbao estaba desatado, coches de un lado para otro y gente que no hacía más que hablar del concierto que iba a celebrarse allí. La ciudad realmente sabía que algo gordo iba a pasar esa noche. No se equivocaban. Diluviando, nos trasladamos en coche hasta el BEC de Barakaldo. No habíamos estado nunca, pero nos sorprendió. Sinceramente, mucho mejor que el Palacio de los Deportes.
 
La organización de este tipo de conciertos siempre te suele defraudar. En este caso, nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que fue bastante ejemplar, sin empujones, sin listos que se intentaran colar, sin gente que se pone donde no debe, pero sí con los gritos de las niñas eufóricas que sirven de señal para saber que las puertas se han abierto.

 
 
Estaba previsto que el concierto comenzará a las 22:00, pero a esa hora desde el escenario nos anunciaban “que Extremoduro ya estaba preparado pero que muchos remilgados se habían quedado a ver al Athletic palmar y los estaban esperando”. Media hora más tarde y con el recinto a rebosar de gente, se fueron apagando las luces y comenzaron a sonar los primeros acordes del tema que conocemos como “Pájaro azul”, acompañando a un vídeo bastante currado del grupo, mientras a lo largo del mismo los componentes se iban incorporando al escenario.
 
A ese tema le seguirían otros como “Ama, ama y ensancha el alma” que cómo no podía ser menos caminó al ritmo de varios gritos en euskera de “maitatu, maitatu, eta arima zabaldu”. Canción a la que le seguirían “No me calientes que me hundo”, “Mi espíritu imperecedero” o la lenta “Calle Esperanza s/n”, que lejos de ser valorada fue una apuesta muy arriesgada del grupo porque mucha de la gente aprovechó para irse a por más bebida. Sonaron también entre otras, “Si te vas”, “La vereda de la puerta de atrás” o “Ábreme el pecho y registra”.
 
Y en la soledad de su guitarra y con una suave luz cenital, sentado al pie de una escalera, comprendimos el sentido de la vida de la mano de Robe, que nos explicaba con una pequeña historia lo que su perro le había hecho entender y que de alguna manera había querido reflejar en el tema nuevo del que ya teníamos conocimiento y que al grito de “Este tema se titula Contra todos”, comenzaba a sonar. Una canción que de nuevo no supo ser valorada por aluna parte del público, puesto que también una gran cantidad de gente volvió aprovechar ese momento para irse. No obstante, ellos ya dejaron claro que tanto si había gustado como si no, no les importaba.
 
De la mano de un fragmento de “Pedrá” que dejaba al público con la boca abierta y dándolo todo llegaba el primer descanso, que cómo ocurre en todos los conciertos, te saca un poco del rollo y hace que el cansancio y el sueño se empiecen a apoderar de ti.
 
Con el grupo sobre el escenario de nuevo, esta vez con Robe sin camiseta necesitamos la reactivación inmediata, el desfibrilador y las mayores corrientes de energía para de nuevo poner el cuerpo en movimiento y continuar hasta acabar agotados de la mano, entre otros temas, de “Bribriblibli”, “So Payaso”, “Tango suicida” y de la bonita balada “Stanby” que dedicaron a un hombre de 89 años que había ido a verles.
 
Y aunque pareciera mentira, con el máximo el apogeo aún por llegar, qué mejor forma de introducir el último tema de esta segunda parte que con las palabras “para hacer esta canción hemos estudiado y mezclado las palabras con las drogas” con las que comenzaba “Puta” que abría las puertas a un segundo descanso, que como el anterior, embajonaba demasiado.
 
Tras esa pausa y seguido, sin que ni un solo minuto de silencio se colase entre las canciones, Extremoduro imponía su “Ley innata” atreviéndose con todos los temas, a excepción de la Coda flamenca. Mereciendo especial atención dos de ellos: el “Tercer movimiento”, que como en el disco fue totalmente atronador, enloquecido y con una fuerza descomunal y el “Cuatro movimiento” donde el protagonismo lo tuvo una chica que se encargó de traducir la canción al lenguaje de signos y que la verdad es que llenó sus gestos de expresividad y lo hizo genial. Posiblemente fuera el tema más aplaudido de la noche.
 
Si pensábamos que una de las canciones más míticas del grupo se quedaría sin sonar en el BEC, nos equivocábamos. “Salir” fue el tema que cerraba el concierto y que hacía que Robe Iniesta, después de dar las gracias a todos los que habían estado currando detrás del concierto, se despidiera de su público, dejando al resto del grupo encima del escenario protagonizando unos minutos instrumentales increíbles.
 
La sensación que nos dejó el concierto fue realmente buena, vimos a Robe vocalmente mejor en comparación con la gira anterior, la complicidad entre él y Uoho siempre está presente, los momentos instrumentales son realmente magistrales y no solo en cuanto a guitarras se refiere. Por momentos pareciera que estábamos viendo a un grupo de rock internacional con las excentricidades que a veces destilan los Rolling Stone sobre el escenario.
 
Además contaron en algunos momentos con apoyo visual, imágenes de fondo, algunas de ellas bastantes curiosas que armonizaban todo el conjunto muy bien, sabiendo cuándo había que prescindir de ella y conectar directamente con el público.
 
Por ponerle alguna pega, creemos que se debe de valorar más que los grupos se arriesguen a tocar temas que, a priori, pudieran parecer poco aptos para los conciertos y que aún más se debe de valorar el hecho de que el grupo te regale una canción inédita aunque tú no te sepas la letra. Esas son cosas que hacen que estemos ante un grupo que realmente toca los temas que sienten o les da la gana. Lo ha hecho siempre y desde aquí esperamos que siga haciendo.
 
Extremoduro vuelve a dejar claro que son los amos del rock en nuestro país, que mueven a personas de lo más variopinto desde pijas hasta punkis y que tiene a una gran parte de ese público a la altura, que no quieren perderse ni una sola canción y que en el caso de Bilbao, dejan que te metas en tu burbuja y disfrutes a tu manera del concierto.
 

- Piltrafilla -

 

Fotografías realizadas por Tom Hagen y obtenidas de la EITB