Concierto de Bunbury (01/02/12)

La cantina madrileña se llena hasta los topes

 
Madrid.- El pasado 1 de febrero Enrique Bunbury nos deleitó con el primero de los cuatro conciertos que dio en la ciudad de Madrid. Los siguientes serían el viernes 3, el sábado 4 y el domingo 5 de febrero. El lugar elegido la sala “La Riviera” con un lleno completo de la sala los cuatro días, a pesar de que este primer concierto fue en uno de esos días de la semana en los que uno no sabe que hacer, un miércoles.
 
No obstante, a pesar del frío la gente acudió a la cita con puntualidad, algunos rezagados pasaban por taquilla para darse el gustazo, pensado a última hora, de ver nuevamente a Enrique. Incluso aquellos que volvieran otra vez por La Riviera a lo largo de la semana, repitiendo concierto de este “cantinero”. Y es que cuando alguien te toca con sus letras te vuelves un incondicional.
 
La primera imagen en que uno se fija a poco interés musical que se tenga, es en aquel solitario contrabajo, elegante instrumento, el cual da un empaque señorial, y hace de cualquier escenario un lugar con clase. Los instrumentos utilizados por una banda dicen mucho de la calidad en la elaboración musical que tienen sus canciones.
 
A las nueve de la noche la banda queda abandonada a su suerte en un escenario intimista de tonos azules, frente a una multitud ansiosa, que observa cada uno de sus movimientos como si de un duelo se tratara. Tras una corta cuenta atrás, la multitud se encuentra de bruces con el respetable. Redoblan las campanas y como en el viejo oeste, frontera con el mismísimo México fronterizo y los Estados del Sur donde se mezclan las culturas y músicas folklóricas, retumban los disparos graves y los relinchos agudos que mezclados entre sí consiguen la sonoridad perfecta.

 
El bullicio en la cantina se hace ensordecedor, la gente se moja el gaznate con licores y cervezas y fanfarronean hasta el momento en que la banda, ataviados con las reglamentarias vestimentas “mariachi” al más “purito estilo mexicano” entretiene a la clientela del local comenzando a tocar una canción instrumental. Se hace el silencio cuando suena “El mar, el cielo y tú” primera canción del recién puesto a la venta trabajo de Enrique titulado “Licenciado Cantinas”, un disco con quince canciones ajenas que se ha apropiado a modo de préstamo para darles su “touch”.
 
Bunbury sale al “Saloon” y trae consigo su set de canciones para esta noche, tal y como nos dijo con sus propias palabras vino a presentarnos “algunas canciones cantineras, canciones revolucionarias y melancólicas” pertenecientes a su nuevo, novísimo, trabajo que, como dijimos, publicó el mes de diciembre.
 
Los enfervorizados jalean y gritan su nombre, mientras Bunbury se acerca con firmeza al micro y sin palabras previas nos decía, mirándonos fijamente a los ojos, “Llévame”, comenzando el concierto al completo con la banda “Los Santos Inocentes”.
 
Enrique nos dio las buenas noches, y nos recordó que llevaba tiempo sin pasar por Madrid y más concretamente “Muchos años sin volver a La Riviera”. Tras su presentación obligada, nos regaló otras dos canciones del disco “Mi sueño prohibido” y es que “Tú serás mi amor inolvidable, entre los dos jamás vendrá el olvido” y “El solitario (Diario de un borracho)”
 
A veces, cuando una mujer no se pinta lo suficiente, cuando no me excita lo que debiera, es porque suena “La señorita hermafrodita” y hacer que suene una batería y unos timbales, un teclado, tres guitarras y un bajo o a veces un contrabajo, dependiendo del momento, es meritorio, y más aun cuando un acordeón en manos del Reverendo Rebenaque introduce a un clásico como “El extranjero” para volver nuevamente a su último disco con la canción “Ódiame”. Echando la vista atrás un año y cambiando de guitarra nos toca a todos “Los habitantes” de esta sala, canción de su trabajo “Las Consecuencias” y de “El Viaje a ninguna parte”, tan funky en sus inicios para fundirse en rock. Le sigue “El anzuelo Gran Rex” y “No me llames cariño” donde nos enseñó sus dotes pugilísticas golpeando al aire mientras era ovacionado por su público.
 
Bunbury nos trajo a un invitado de lujo, Alfredo Fernandez “Alfa” de Buenas Noches Rose y Le Punk para tocarse juntos “Animas que no amanezca” y aunque Bunbury no tuviera ganas de marcharse nos gritó “Sácame de aquí” sin dejar de desearnos “Que tengas suertecita” y si tienes suertecita debe ser “El día de mi suerte”.
 
Volviendo a “Las Consecuencias” “De todo el mundo”para decir un segundo después que “Sí”. Un verdadero temazo de los que no pasan desapercibido ni para aquellos que no fueran grandes fanáticos de Enrique.
 
Con un sonido muy ZZ Top llegan las presentaciones de la banda Los Santos Inocentes, a la percusión Quino Béjar, en la batería Ramón García, a los teclados el Sr. Corellano, en el contrabajo y bajo Rober Castellanos, en las guitarras Jordi Mena y Álvaro Suite para empalmar las presentaciones con el tema “El hombre delgado que no flaqueará jamás” donde la guitarra llora con “slides” que hacen del rock la melodía de mi vida.
 
Un descansito, y aunque las flamas que adornaban su traje, al más puro estilo Piloto de NASCA, no son santo de mi devoción, si que debieron influir en el calor con el que nos acogió y nos trató durante las dos horas de concierto. No obstante llegó la hora de despojarse del traje para que después llegara lo “Irremediablemente cotidiano” y se convirtiera en las “Cosas olvidadas” para terminar, aunque fuera uno de sus orígenes, en el “Infinito” ¡Cosas de la vida!
 
Y es que salvo en este concierto “Nunca se convence a nadie del todo de nada” despidiéndose con “Y al final” así que permite que te dedique las últimas líneas diciendo que destacaría la actitud y la aptitud, sin menospreciar la sinceridad con la que te mojaste por encima de tu cuello cuando nos introdujiste en estas dos últimas canciones con tu análisis personal sobre la hecatombe social y económica en la que estamos sumergidos, tal vez porque la experiencia te hace perder los miedos, las vergüenzas y te permite, si sabes asumirla con valentía, tocar los temas más peliagudos con naturalidad, la naturalidad de una persona por encima del ARTISTA con mayúsculas.
 
Especial mención sin duda a la compañía, fui acompañado por un público entregado y unas voces educadas para hacerle los coros a su ídolo.
 

- Acorde Desafinado -

 

 
Fotografías realizadas por Acorde Desafinado