Concierto de Doctor Deseo (19/05/12)

 

El teatro de los sueños del Doctor y del Deseo

 
Madrid-. A las 21:00 horas en el teatro Arteria Coliseum comenzaba a sonar “Je t’aime… moi non plus”, tema con el que las luces se apagaban y en plena Gran Vía se abandonaba la realidad para dejar paso a los sueños. En la oscuridad, una voz en off, la de Francis, nos recita una pequeña introducción: “Al principio cuando hasta la tierra temblaba y todo parecía posible… abrid los ojos, entramos en el territorio de los sueños”. Se levanta el telón. Comienza así, esta obra de sueños interpretando papeles cuidadosamente escogidos sobre la vida misma.
 
Los aplausos se funden con las voces de aquellos niños inocentes y a la vez descarados que retaban a los malos gritando “quién teme al lobo feroz” tal y como daba comienzo su último trabajo “Al amanecer… seguir soñando”, la razón de esta gira. Y casi como una tradición, un sencillo “Buenas noches, Doctor Deseo” sin más adornos, pues todo está escrito en sus letras, era la señal para aparecer tras bambalinas con esta nueva representación de Doctor Deseo.
 
En escena, un columpio mece y hace descender al cantante y líder del grupo al escenario, un teclado rellenando los silencios y las primeras notas de “Hoy seremos tan valientes”. Como telón de fondo una inmensa luna llena, tan atractiva e insinuante como siempre, situada detrás del escenario y que nos envuelve a todos los que tenemos un toque lunático en una sensación de seminconsciencia, en una fase REM de los sueños, con los ojos en continuo movimiento y las cientos de bocas entreabiertas a la espera del gran espectáculo.
 
Unos versos, con un teatro en silencio sepulcral, introducen la canción: ”Sigo temblando por ti” mientras el teclado hace los acordes y la guitarra “muteada” de Toro rasga las cuerdas con ritmo y mucho sentimiento, para que la banda entre al completo.
 
Una dedicatoria para introducirnos en la bella “Cuanto frío hace en Saturno”, todo un temazo que suena “redondo” con alguna variación respecto a la versión de estudio en la guitarra eléctrica, para terminar con un “Estamos a tu lado”. Ahora, la guitarra eléctrica del Señor Toro hace una introducción más rabiosa de lo habitual en “Lágrimas de placer” perteneciente a su trabajo anterior “Cartografía imposible”. Francis se sube al cielo y aparece de la nada asomado en un palco, con una linterna como si de un acomodador se tratara, alumbrando directamente a la cara a los espectadores, buscando aquellas parejas escondidas en la oscuridad. Entonces, el sexo y el saxo se funden en un “solo” que sólo puede terminar con “le Petit mort”.

 

Con elegancia el vocalista del grupo se sienta en una silla, iluminado por el cañón de luz y juega con su cuerpo, enseñándonos sin vergüenzas, con mucho descaro y picardía, los juegos eróticos de una dama. Nos explica que “que con la yema de un dedo se puede parar el mundo” para que suene la canción “Suspira y conspira” un clásico que daba título a su trabajo en 2002.
 
La tristeza de un piano y sus acordes nos invitan a “Soñar, desear y atreverse” mientras un repetido arpegio de guitarra acompaña a un Francis que nos susurra que “aunque a veces me asusta, otras disfruto… me gusta”. Impresionantes los coros de la señorita Virginia Fernández, dos octavas más alta y un fraseo de guitarra desgarrador hacen que cobre una belleza especial esta canción que nos relata que puede haber “soles, soles de invierno en cada madrugada”.
 
Francis es un tipo con mucha clase, capaz de salir con soltura y desparpajo de cualquier situación, incluso contestando la llamada de móvil de un “grupie” quien a pesar estar más que entradito en años no entendió que un concierto es mucho más importante que sus deseos más profundos. Otra vez será, siempre te queda soñar hasta el amanecer o lo que es lo mismo “Al amanecer… seguir soñando”.
 
El disco “Sexo, ternura y misterio” es un trabajo perfecto en la carrera de este grupo, aunque no es el único, y la mejor manera de demostrarlo es tocar sus canciones en los conciertos. El tema “Sexo ternura y misterio” daba titulo a ese trabajo realizado en 2008, así como “Diez negritos” título que coincide con la obra de Agatha Christie, adaptada a la trágica situación que vive la inmigración, muy en cuenta para esta banda, concienciada con la problemática social, sin pecar de letras populistas o cansinas. Recuerdo especial para el llanto de un solitario saxo en boca de Joe González, quien se marcó un solo de 3 minutos. ¡Increíble!
 
Tras una regañina -bien merecida todo sea dicho- a los espectadores por no llevar el ritmo con las palmas, Francis nos presenta a mamá África “La Puta” en “Sueño con niños y elefantes” y con una entrada contundente de batería, cuyo responsable es “Txanpi”, nos tocan “Aprendiendo a caer de pie” con dedicatoria incluida “a esos neoliberales que nos iban a llevar al infinito y más allá” seguida de “contra viento y marea”
 
Regreso al pasado, con todo el público puesto en pie, e ingente cantidad de coristas que salieron de forma improvisada al sonar “corazón de tango” y todos allí fuimos un poco un “aprendiz de sinvergüenza”. Un bonito momento para la banda, deseado por todos que fuera eterno, pero qué queréis que os diga: “vamos a engañarnos y dime mi cielo que esto va a durar siempre” increíble de nuevo la segunda voz.
 
Llegó el merecido descanso, agradecido por los fumadores, un cuarto de hora que se hace interminable, ante tan buen espectáculo. A las 22:35 comenzó el segundo acto en este teatro de los sueños. El señor Diez pide que desaparezca el cañón de luz y sea la luz de los móviles, al más puro estilo Madonna en MTV, la que ilumine la escena para que suene la canción que da título al disco de 1998, “Hay cuentos aun por inventar”.
 
Nos olvidamos de la batería, para ver a toda la banda sentada, al ritmo de un cajón flamenco de la mano de “Txanpi” para tocar otro tema del último disco “El perdedor, un as en el bolsillo”, un auténtico temazo, tocando después otra obra de arte, con una letra que enseña que hay que sufrir mucho por amor para escribir algo tan intenso, poético y profundo “Antes de que me salve el olvido”. Así, llega el momento de las presentaciones, “Txanpi” al cajón y batería, Josi Jiménez al bajo, un saxo y clarinete reanimados por Joe González, la voz de Virginia Fernández, el teclado de la mano de Raúl Lomas, y la guitarra eléctrica y española del gran Toro quien nos deleitó con una perfecta introducción, trasladándonos de forma imaginaria al Albaicín granadino, increíble interpretación, a la que se unió un cajón muy flamenco para que sonara “Una mujer rota” de “Rómpeme con mil caricias, cielo… rómpeme” de 2004.
 
De nuevo un sólo de saxo se adormece sobre el piano y nos interpretan “Atrapado en tu silencio” para que una chica le robe un beso a Francis en la platea. Sonaría después “Nola ez duzun inoiz ulertu” que sería el prolegómeno de “Abrázame”, otro de los clásicos de la banda, con un Francis sentado en una de las salidas laterales del teatro, una bonita interpretación con varios espectadores que se acercan a abrazarle, y él se deja… ¡Todo un detalle!
 
Volveríamos a “Sexo, ternura y misterio” para que sonara “La hermandad de los perros sin dueño” y el gran vals “Juegos malabares”, donde nos presentó a su equipo de sonido y luz. Nos remontamos a 1992 con “Olas y naufragios”, marcándose un baile con un espectador espontáneo entre cómplices miradas, para despedir la velada con “Mi torpe corazón”
 
Más de dos horas de sentimientos, sueños e ilusiones aderezados y mezclados para una perfecta obra interpretada en el mejor lugar: el teatro. En mi opinión, con letras de alguien que siente de manera especial y un sonido redondo en un lugar que invita a empaparte de cada detalle en algo más de dos horas que se hicieron realmente cortas.
 

- Acorde Desafinado -

Fotografías realizadas por Enharmonía